A
día de hoy, la sociedad asturiana ha perdido una parte muy
importante de su identidad singular.
Aunque
algunos puedan pensar, especial e interesadamente desde los sectores
más españolistas de dentro y fuera de Asturies, que la sociedad (o
el pueblo, que viene a ser lo mismo para esta concepción) es un
cadáver ya frío, yo pienso, y sinceramente creo que es la realidad,
que más bien se trata de una adormecimiento que no tiene porque ser
definitivo. Sí, es cierto que también pienso que se trata de un
sueño muy profundo y que está ampliamente integrado en Asturies y
sus habitantes, pero se puede producir un despertar que, por otro
lado, es absolutamente necesario para conseguir hacer que nuestro
país avance en la búsqueda de su futuro más próspero.
Existe,
desgraciadamente, un estamento que tiende y aspira a perpetuar esta
penosa y, ¿porqué no decirlo?, degradante situación. Como creo que
todo lector piensa, ese estamento no es otro más que la clase
política española. Y aquí es necesario decir que, la clase (por
llamarla de alguna manera) política asturiana no se diferencia de
aquella en nada más, si acaso, que su catadura moral, y su altura
intelectual es aún menor. Su compromiso con Asturies y los
asturianos es inexistente. Toda la preocupación que tienen,
tratándose como se trata de partidos políticos de vocación
“nacional”, o sea española (aquí habría también mucho que
comentar y debatir. ¡Cómo se mide con diferente rasero el
nacionalismo español y el asturiano! Al primero se lo toma como algo
oportuno y sano, y al segundo como oportunista e hiriente) es servir
a los intereses de sus jefes en Madrid. Para ellos, Asturies no es
más que un trampolín, o un terreno en el que curtirse para las
lides que realmente quieren luchar.
Por
lo tanto, el escenario Socio-Político en el que se desenvuelve
Asturies en este comienzo del siglo XXI no es para nada halagüeño.
En resumen, una sociedad paralizada y somnolienta, donde día a día
se van desmantelando un poco más la cultura y la idiosincrasia
asturiana, y se sustituye por una tabla rasa española; y una clase
política a la que le interesa esta situación y la fomenta para
utilizarla en beneficio propio. Me atrevería a decir que en estos
momentos la sociedad asturiana se encuentra huérfana, y su tabla de
salvación ha de ser un proyecto de país, liderado por asturianas y
asturianos comprometidos con su tierra y que signifiquen una ruptura
total con los planteamientos políticos de los últimos 100 años.
Asturies
debe dejar de ser uno de los vagones de cola de un tren llamado
España, y pasar a convertirse en una potente máquina que tire de si
misma, sin miedo al futuro y con ganas y voluntad de ocupar su lugar
en el mundo.
Es
responsabilidad de los políticos el poner al alcance de los
ciudadanos los medios y las leyes que les ayuden a mejorar su calidad
de vida, pero es responsabilidad de los individuos, y por tanto de la
sociedad, exigir comportamientos éticos y responsables a los
políticos, e implicarse en la toma de decisiones trascendentes y en
el mantenimiento y fortalecimiento de una auténtica y útil
democracia al servicio del pueblo.
La
regeneración de la clase política, tan necesaria como vemos que es
hoy en día, no va a tener lugar si no es impulsada por el conjunto
de la sociedad. Somos nosotros, el pueblo de Asturies, el que debe
emprender esta marcha. Y el pueblo es el ente competente para dar
nacimiento a un nuevo partido político que de cumplimiento a sus
anhelos y esperanzas. Y es entonces donde, desde la política, se
realimente a la sociedad para que sea realmente libre y pueda decidir
su futuro sin miedo a injerencias y manipulaciones exteriores.
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