viernes, 5 de abril de 2013

2. EL ESCENARIO SOCIO-POLÍTICO ACTUAL

El marco de sociedad en la que se representa un pueblo cualquiera es fruto de largos años de evolución e historia, muchas veces marcado por acontecimientos externos, pero que producen una huella muy profunda y difícil de erradicar.

A día de hoy, la sociedad asturiana ha perdido una parte muy importante de su identidad singular.

Aunque algunos puedan pensar, especial e interesadamente desde los sectores más españolistas de dentro y fuera de Asturies, que la sociedad (o el pueblo, que viene a ser lo mismo para esta concepción) es un cadáver ya frío, yo pienso, y sinceramente creo que es la realidad, que más bien se trata de una adormecimiento que no tiene porque ser definitivo. Sí, es cierto que también pienso que se trata de un sueño muy profundo y que está ampliamente integrado en Asturies y sus habitantes, pero se puede producir un despertar que, por otro lado, es absolutamente necesario para conseguir hacer que nuestro país avance en la búsqueda de su futuro más próspero.

Existe, desgraciadamente, un estamento que tiende y aspira a perpetuar esta penosa y, ¿porqué no decirlo?, degradante situación. Como creo que todo lector piensa, ese estamento no es otro más que la clase política española. Y aquí es necesario decir que, la clase (por llamarla de alguna manera) política asturiana no se diferencia de aquella en nada más, si acaso, que su catadura moral, y su altura intelectual es aún menor. Su compromiso con Asturies y los asturianos es inexistente. Toda la preocupación que tienen, tratándose como se trata de partidos políticos de vocación “nacional”, o sea española (aquí habría también mucho que comentar y debatir. ¡Cómo se mide con diferente rasero el nacionalismo español y el asturiano! Al primero se lo toma como algo oportuno y sano, y al segundo como oportunista e hiriente) es servir a los intereses de sus jefes en Madrid. Para ellos, Asturies no es más que un trampolín, o un terreno en el que curtirse para las lides que realmente quieren luchar.

Por lo tanto, el escenario Socio-Político en el que se desenvuelve Asturies en este comienzo del siglo XXI no es para nada halagüeño. En resumen, una sociedad paralizada y somnolienta, donde día a día se van desmantelando un poco más la cultura y la idiosincrasia asturiana, y se sustituye por una tabla rasa española; y una clase política a la que le interesa esta situación y la fomenta para utilizarla en beneficio propio. Me atrevería a decir que en estos momentos la sociedad asturiana se encuentra huérfana, y su tabla de salvación ha de ser un proyecto de país, liderado por asturianas y asturianos comprometidos con su tierra y que signifiquen una ruptura total con los planteamientos políticos de los últimos 100 años.

Asturies debe dejar de ser uno de los vagones de cola de un tren llamado España, y pasar a convertirse en una potente máquina que tire de si misma, sin miedo al futuro y con ganas y voluntad de ocupar su lugar en el mundo.

Es responsabilidad de los políticos el poner al alcance de los ciudadanos los medios y las leyes que les ayuden a mejorar su calidad de vida, pero es responsabilidad de los individuos, y por tanto de la sociedad, exigir comportamientos éticos y responsables a los políticos, e implicarse en la toma de decisiones trascendentes y en el mantenimiento y fortalecimiento de una auténtica y útil democracia al servicio del pueblo.

La regeneración de la clase política, tan necesaria como vemos que es hoy en día, no va a tener lugar si no es impulsada por el conjunto de la sociedad. Somos nosotros, el pueblo de Asturies, el que debe emprender esta marcha. Y el pueblo es el ente competente para dar nacimiento a un nuevo partido político que de cumplimiento a sus anhelos y esperanzas. Y es entonces donde, desde la política, se realimente a la sociedad para que sea realmente libre y pueda decidir su futuro sin miedo a injerencias y manipulaciones exteriores.

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