martes, 15 de noviembre de 2011

1.2. DE DÓNDE VENIMOS Y A DÓNDE VAMOS

Sabemos que los antiguos ástures formaban una unidad lingüística, cultural y casi podríamos decir que política, pues aunque formaban tribus más o menos independientes, se unían para hacer frente a los enemigos como un único pueblo.

Sin embargo, la historia nos deja algunas lagunas sobre ellos, nuestros antepasados. No tenemos certeza de cuál era su origen. ¿Se trataba de un pueblo ya asentado en estos territorios, y que asimiló las culturas que fueron llegando del este, o por el contrario, oleadas de “emigrantes” forman el sustrato principal? ¿La lengua que hablaban era de raíz celta, o se trataba de una lengua pre-indoeuropea, emparentada con el lusitano, quizás incluso con las lenguas aquitanas? ¿Cuál era su organización social y en qué medida se relacionaban las tribus ástures entre sí durante los tiempos de paz?

Todas estas preguntas, y otras muchas aguardan respuesta. Por ahora, desgraciadamente, no parece que esté cercana.

Más claro parece estar todo a partir de las guerras y posterior conquista por parte de los romanos. La población ástur sufrió gran devastación, pero consiguió sobrevivir. Por otro lado, sabemos que, con excepción de las capas más altas de la sociedad, y algunos núcleos urbanos de fundación romana, el conjunto de la sociedad ástur, apenas se romanizó, conservando su idioma y costumbres durante varios siglos, hasta la invasión musulmana de la península.

A partir de este momento la historia ya es más conocida. Reino de Asturias, aparece la lengua astur-leonesa, el reino se traspasa a León, el reino es anexionado a Castilla, los intentos por devolverlo a la independencia son fallidos, la lengua es atacada y marginada, surge la figura de Jovellanos, Asturies se declara soberana tras liberarse de la ocupación de Napoleón y envía embajadores a Londres, revolución del 34, dictadura de Franco, más represión a nuestra lengua, autonomía y... aquí estamos.

Es cierto. Demasiada síntesis para un período de tiempo tan extenso. Pero no se trata aquí de elaborar un manual de Historia de Asturies, sino de trazar unas líneas generales en las que podemos leer que nuestro país ha tenido siempre su idiosincrasia particular. Asturies se convirtió en uno de los primeros reinos de la cristiandad europea, y llegó a ser el segundo en importancia tras el de Carlomagno. Previamente, los ástures habían combatido contra los invasores con un sentido de unidad que hoy llamaríamos nacional. De cualquier modo, es muy importante no perder de vista la perspectiva histórica, y reconocer que los ástures tenían sentido tribal, y que el reino de Asturies no se parecía en nada a un estado moderno. Pero es exactamente lo mismo que pasó con todos los pueblos europeos.

A lo largo de la historia, el pueblo asturiano ha demostrado tener gran capacidad de iniciativa y ha luchado por su supervivencia con arrojo cuando fue necesario. Sin embargo, es también un pueblo que se acomoda a las situaciones. Es decir, le es fácil perder su capacidad de generar esfuerzo. En mi opinión, este factor es determinante para explicar la situación actual en la que nos encontramos inmersos. A partir del momento en que las amenazas externas quedaron controladas (muchos siglos atrás la romana, y en el siglo VIII la musulmana) el pueblo asturiano abandonó parte de sus tradiciones y su lengua ástur, pues se acomodó al poder llegado de fuera de sus fronteras, pero que no era su enemigo. Lo mismo pasó siglos después con al preponderancia del reino de Castilla. Llegó un momento en que no era una amenaza para nuestra su supervivencia, pues esta estaba bien asegurada, y nos abandonamos a sus imposiciones, que toleramos con excesiva indulgencia. En la época moderna ha vuelto a ocurrir lo mismo, reaccionamos con entereza y con pasión por nuestra tierra cuando nos vemos amenazados, pero nos entregamos dulcemente a los poderes externos cuando estamos relajados.

Este es el pensamiento que es necesario erradicar de nuestra tradición. Asturies tiene que ser fuerte y valerse por si misma en todos los períodos, sean convulsos o pacíficos, y debe tener el presente y el futuro de su mano. Sólo así, con esa capacidad nuestra de superación haciéndonos compañía en todas los momentos, conseguiremos hacer de Asturies un país de futuro, de bienestar y de alta calidad de vida.

sábado, 12 de noviembre de 2011

1.1. ¿DÓNDE ESTAMOS?

Una vez que ya hemos determinado claramente que el futuro de Asturies está en manos del pueblo asturiano, y es a este al que compete decidir en esta importante materia, empezaré a describir cual es mi opinión sobre este apartado. Tengo que hacer la mayor de las insistencias en que es el conjunto de la sociedad asturiana el dueño de su futuro, y mis comentarios no son más que opiniones que serán tenidas en toda la cuenta que los asturianos quieran. Nada más.

Actualmente, según nos acercamos al final del año 2011, la economía occidental vive momentos convulsos. Nos han contado que en el año 2007 el sistema financiero norteamericano se vio sacudido por el afloramiento de unos activos tóxicos en forma de préstamos hipotecarios de dudoso cobro (y que finalmente no fueron pagados). Con bastante rapidez, el castillo de naipes se derrumbó, arrastrando a la quiebra a importantes bancos norteamericanos y poniendo en evidencia a otros muchos europeos. Los gobiernos de los países occidentales se vieron obligados a inyectar dinero en el sistema bancario y, a continuación, todo empezó a irse a pique. Realmente, no se ha esclarecido gran cosa sobre el origen de esta crisis salvaje, y yo no creo que todo se deba a unas hipotecas que no se pueden cobrar, por muchas que estas sean en varios países. Sinceramente pienso que la causa desencadenante proviene del rotundo énfasis que se ha dado al sector financiero desde la década de 1980, lo que significó que muchas economías se empeñaron en abandonar los sectores primario y secundario (los que realmente generan la riqueza) y se dedicaron a potenciar el terciario (el que la recoge). Desde luego, el sector terciario engloba más campos que el financiero, pero este ha sido el más dañino. Los artificios que se crearon para aparentar que se generaba riqueza, ergo dinero, de la nada, han resultado ser falsos, y nos han conducido al pozo en que hoy nos hemos instalado, por no decir que precipitado.

También debe admitirse que determinados países se han visto mucho más afectados por esta crisis que otros. España es uno de estos países, y Asturies, dado que forma parte del estado español sin ningún elemento económico claramente diferenciador, no se escapa de la angustiosa situación, aunque esté llegando con algún retardo debido a la particularidad de su economía, que al igual que la de toda la franja cantábrica, ha estado basada en la construcción en menor medida que otras zonas del estado.

Para mi no es ninguna sorpresa que España esté en la delicada situación en que se encuentra. Lo realmente sorprendente es que se produjera durante el primer decenio del siglo XXI ese llamado “milagro español” y que nadie, ni dentro ni fuera de sus fronteras supiera , o quisiera, ver lo delirante y falso que era. Se trataba de una simple burbuja inmobiliaria que, más pronto o más tarde, tenía que estallar. Tristemente, ha estallado después de un notable aumento de población debido a la llegada de emigrantes, pero el nivel de la economía española, mucho me temo que vuelva a ser el mismo que había antes de que la burbuja se inflase. Eso va a suponer una tasa de paro inimaginable.

Por lo tanto, mi pregunta es: ¿debe Asturies mantenerse como está en la actualidad, como una economía dependiente de la evolución española? La respuesta, en eso coincidirá todo el mundo, es que no.

No se puede mantener un sistema de poco número de industrias de gran volumen, fuertemente subsidiadas, y mayoritariamente multinacionales no asturianas, ni siquiera españolas. No se puede seguir fabricando productos básicos, que lo mismo pueden hacerse aquí que en Colombia o Vietnam, de bajo valor añadido y sin desarrollo tecnológico. No se pueden mantener empresas públicas deficitarias, que son más rentables cerradas, aunque haya que pagar los sueldos igualmente.

Nuestro futuro económico, si queremos que sea sostenible, debe pasar por la tecnología, la investigación y el desarrollo de nuevos productos. Incluso el aprovechamiento racional de los recursos naturales.

Pero esto forma parte de otro capítulo. En seguida echaremos un vistazo a nuestro pasado para buscar el futuro.

viernes, 11 de noviembre de 2011

1. EL FUTURO DE ASTURIES, Y UNA MIRADA A SU PASADO

Como primer e indiscutible punto, debe quedar absolutamente claro que el futuro de Asturies corresponde únicamente y exclusivamente al pueblo asturiano, y este es libre de elegir el rumbo que quiere tomar. Nadie está capacitado para usurpar su soberanía, y el conjunto de la sociedad debe aceptar la decisión de la mayoría, sea cual sea. Y una vez adoptada esa decisión, que nunca puede ser irrevocable, pues el devenir de los tiempos da lugar a cambios, así se elabora la Historia, el objetivo de la clase política es esforzarse en satisfacerla. En tal caso, los planteamientos ejercidos por la soberanía popular pasan a tener el primer plano, y los diferentes puntos de vista de la clase política quedan supeditados a la decisión previa del pueblo.

Este preámbulo que acabo de exponer no quiere decir otra cosa más que la dice. No admite interpretaciones interesadas, pues no hay nada que interpretar. Es tan claro como decir que si el pueblo asturiano decide que su lengua de comunicación sea el chino, que no quiere seguir siendo más tiempo una comunidad autónoma, que desea que se mude de ubicación la sede de su gobierno, que quiere eliminar todo símbolo asturiano sustituyéndolo por otros de corte español, o que quiere ejercer su derecho a la autodeterminación y decide convertirse en un estado soberano e independiente, nadie tiene el poder para impedírselo.

Creo que está tan claro que no hay que volver a tratar sobre este asunto.

Actualmente, esto no funciona así, pues según la constitución española, la soberanía reside en el pueblo español, y este como conjunto aglutinador debe decidir las cuestiones de importancia. Sin embargo, es mi parecer que, ya que siguiendo la lógica evolución de las libertades y derechos fundamentales de las personas, hemos pasado a lo largo de un siglos de un poder ejercido por los poderosos (también llamados “nobles”) con un dominio sobre un territorio y los que lo habitaban en forma de vasallaje, hasta llegar hoy en día a unos estados modernos, donde ha quedado establecido que la soberanía emana del pueblo. Y siendo que el pueblo está formado por las personas, que son los portantes de los derechos que llegan a constituirse en esa soberanía, un conjunto de habitantes determinado que decide unirse en búsqueda de un interés común forma un pueblo, y como tal, dispone de soberanía. Por lo tanto, si las personas habitantes de Asturies deciden unirse (y creo que estos momentos ya lo están) para buscar un interés común, son, de facto, un pueblo soberano.

Por supuesto, toda esta capacidad de constituirse en pueblo tiene que tener unas raíces en las que asentarse, y estas no pueden ser otras más que consideraciones históricas, que mas adelante justificaremos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

0. INTRODUCCIÓN

Aunque sé que este no es el momento más adecuado para empezar la redacción de un escrito de estas características (ahora mismo se está viviendo un período electoral), sería como pedirle al novio que está esperando a su prometida en el altar que considere todas las posibilidades que está dejando escapar en forma de otros estilos de vida, bien fuera continuando soltero o estando con otra chica, hay cosas que cuando se consideran necesarias, no se pueden dejar aparcadas en un cajón, o en un recoveco del cerebro.

La situación de crisis más o menos global que estamos viviendo en la actualidad, se ve acentuada en Asturies, tanto por las características del tejido económico que la sustenta, como por la clase política que nos representa y por la sociedad que unos y otros están componiendo a nuestro alrededor. Tiempo tendré de analizar estos importantes aspectos y expresar mi opinión al respecto, así como unas líneas principales de actuación que, según mi criterio, pueden ayudar a superar esta encrucijada, por no llamarlo punto de estancamiento, y otorgar a nuestro país un status de bienestar social impulsado por un sector económico eficiente, ágil y aferrado siempre al futuro.

En este preciso momento se avecina la votación de una elecciones generales al parlamento español al cuál hay que decir, tristemente, que no se ofrece al pueblo elector una sola opción que realmente se interese y esté dispuesta a luchar por los intereses asturianos. Los grandes partidos estatales, unos y otros, juegan una partida en otros tableros mucho más grandes, dónde realmente dirimirán el resultado de las elecciones. Una pequeña comunidad autónoma como es la nuestra, apenas supone interés para ellos y, aunque un puñado de votos y 2 ó 3 escaños nunca están de más, el esfuerzo propagandístico a través de promesas electorales (que algunas deben ser cumplidas) no les merece la pena. Como consecuencia, nuestro aislamiento y marginación no hacen más que crecer, pues cada vez tenemos menos peso y nos vemos más alejados de los puntos de decisión. Esto nos conduce a vernos relegados, siempre algo más, a una posición de tercera o cuarta fila. Cada vez más lejos del mundo, menos plurales, con las miras más cortas y sin atrevernos a poner el pie en el mundo moderno si no es de la mano que nuestro tutor, que no es otro más que el estado español.

Algo parecido puede decirse de los partidos estatales minoritarios. En principio parecen demostrar cierto interés por los grupos más desfavorecidos de la sociedad, pero también tienen bien claro que no van a jugar aquí sus cartas. Además, sus escasa representación los desautoriza a tomar cualquier medida que pudiera ser beneficiosa para nuestro país. Siempre tendrán otros intereses mayores a los que servir, y no sienten especial afectación por Asturies.

Y qué decir de los partidos de carácter más asturianista. Por desgracia carecen de políticos de talla, si bien este es un mal endémico de Asturies en esta época (la nómina de los partidos mayoritarios no encuadra a ningún “gran hombre”, ni siquiera mediano). De este modo, la sociedad asturiana los ve más como a los monologuistas de nuestras queridas fiestas de prao, que como a personas que puedan hacer algo por mejorar nuestra situación. Incluso se recela y se teme de aquellos que expresan opciones de tinte soberanista como si fueran meros delicuentes. En cualquier caso, debo añadir que muchos de los prejuicios que se tienen en Asturies con respecto a las opciones más, llamémoslas nacionalistas para entenderlo mejor, han sido canalizados y machaconamente introducidos en nuestro pensamiento por la clase dirigente española a lo largo de siglos, acercando a sus principios a las clases burguesas asturianas del siglo XVIII que desmerecieron su propia cultura, tachándola de inferior y pueblerina.

Mención aparte merece un partido de nuevo cuño, que utilizando un falso discurso asturiano, tiene pretensiones claramente estatales. Su intención, que difícilmente madurará, es consolidarse como partido español mayoritario. La primera de las clases que he definido. Por desgracia, está confundiendo a nuestra sociedad y además está engañando a muchos de sus votantes. Este partido es claro heredero de la tradición burguesa dieciochesca asentada en nuestro país.

De todo esto, es fácil deducir que el futuro de Asturies no se puede encontrar en manos de la clase política conocida en la actualidad, si no que una verdadera savia nueva, con ideas modernas y renovadoras (de alguna manera “revolucionarias”) es necesaria para tomar el volante de nuestra sociedad y por lo tanto de nuestro país, y conducirlo por unas vías diferentes a aquellas por las que nos hemos dejado transportar hasta ahora. El modelo actual en Asturies está caduco y ha fracasado, y su continuidad solo puede conducirnos al empobrecimiento de nuestros pueblos y nuestra gente, a la perpetuación de la emigración, al menosprecio de todo lo que huela a asturiano y, por último, a nuestra desaparición como cultura diferenciada.