Como primer e indiscutible punto, debe quedar absolutamente claro que el futuro de Asturies corresponde únicamente y exclusivamente al pueblo asturiano, y este es libre de elegir el rumbo que quiere tomar. Nadie está capacitado para usurpar su soberanía, y el conjunto de la sociedad debe aceptar la decisión de la mayoría, sea cual sea. Y una vez adoptada esa decisión, que nunca puede ser irrevocable, pues el devenir de los tiempos da lugar a cambios, así se elabora la Historia, el objetivo de la clase política es esforzarse en satisfacerla. En tal caso, los planteamientos ejercidos por la soberanía popular pasan a tener el primer plano, y los diferentes puntos de vista de la clase política quedan supeditados a la decisión previa del pueblo.
Este preámbulo que acabo de exponer no quiere decir otra cosa más que la dice. No admite interpretaciones interesadas, pues no hay nada que interpretar. Es tan claro como decir que si el pueblo asturiano decide que su lengua de comunicación sea el chino, que no quiere seguir siendo más tiempo una comunidad autónoma, que desea que se mude de ubicación la sede de su gobierno, que quiere eliminar todo símbolo asturiano sustituyéndolo por otros de corte español, o que quiere ejercer su derecho a la autodeterminación y decide convertirse en un estado soberano e independiente, nadie tiene el poder para impedírselo.
Creo que está tan claro que no hay que volver a tratar sobre este asunto.
Actualmente, esto no funciona así, pues según la constitución española, la soberanía reside en el pueblo español, y este como conjunto aglutinador debe decidir las cuestiones de importancia. Sin embargo, es mi parecer que, ya que siguiendo la lógica evolución de las libertades y derechos fundamentales de las personas, hemos pasado a lo largo de un siglos de un poder ejercido por los poderosos (también llamados “nobles”) con un dominio sobre un territorio y los que lo habitaban en forma de vasallaje, hasta llegar hoy en día a unos estados modernos, donde ha quedado establecido que la soberanía emana del pueblo. Y siendo que el pueblo está formado por las personas, que son los portantes de los derechos que llegan a constituirse en esa soberanía, un conjunto de habitantes determinado que decide unirse en búsqueda de un interés común forma un pueblo, y como tal, dispone de soberanía. Por lo tanto, si las personas habitantes de Asturies deciden unirse (y creo que estos momentos ya lo están) para buscar un interés común, son, de facto, un pueblo soberano.
Por supuesto, toda esta capacidad de constituirse en pueblo tiene que tener unas raíces en las que asentarse, y estas no pueden ser otras más que consideraciones históricas, que mas adelante justificaremos.
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