Una vez que ya hemos determinado claramente que el futuro de Asturies está en manos del pueblo asturiano, y es a este al que compete decidir en esta importante materia, empezaré a describir cual es mi opinión sobre este apartado. Tengo que hacer la mayor de las insistencias en que es el conjunto de la sociedad asturiana el dueño de su futuro, y mis comentarios no son más que opiniones que serán tenidas en toda la cuenta que los asturianos quieran. Nada más.
Actualmente, según nos acercamos al final del año 2011, la economía occidental vive momentos convulsos. Nos han contado que en el año 2007 el sistema financiero norteamericano se vio sacudido por el afloramiento de unos activos tóxicos en forma de préstamos hipotecarios de dudoso cobro (y que finalmente no fueron pagados). Con bastante rapidez, el castillo de naipes se derrumbó, arrastrando a la quiebra a importantes bancos norteamericanos y poniendo en evidencia a otros muchos europeos. Los gobiernos de los países occidentales se vieron obligados a inyectar dinero en el sistema bancario y, a continuación, todo empezó a irse a pique. Realmente, no se ha esclarecido gran cosa sobre el origen de esta crisis salvaje, y yo no creo que todo se deba a unas hipotecas que no se pueden cobrar, por muchas que estas sean en varios países. Sinceramente pienso que la causa desencadenante proviene del rotundo énfasis que se ha dado al sector financiero desde la década de 1980, lo que significó que muchas economías se empeñaron en abandonar los sectores primario y secundario (los que realmente generan la riqueza) y se dedicaron a potenciar el terciario (el que la recoge). Desde luego, el sector terciario engloba más campos que el financiero, pero este ha sido el más dañino. Los artificios que se crearon para aparentar que se generaba riqueza, ergo dinero, de la nada, han resultado ser falsos, y nos han conducido al pozo en que hoy nos hemos instalado, por no decir que precipitado.
También debe admitirse que determinados países se han visto mucho más afectados por esta crisis que otros. España es uno de estos países, y Asturies, dado que forma parte del estado español sin ningún elemento económico claramente diferenciador, no se escapa de la angustiosa situación, aunque esté llegando con algún retardo debido a la particularidad de su economía, que al igual que la de toda la franja cantábrica, ha estado basada en la construcción en menor medida que otras zonas del estado.
Para mi no es ninguna sorpresa que España esté en la delicada situación en que se encuentra. Lo realmente sorprendente es que se produjera durante el primer decenio del siglo XXI ese llamado “milagro español” y que nadie, ni dentro ni fuera de sus fronteras supiera , o quisiera, ver lo delirante y falso que era. Se trataba de una simple burbuja inmobiliaria que, más pronto o más tarde, tenía que estallar. Tristemente, ha estallado después de un notable aumento de población debido a la llegada de emigrantes, pero el nivel de la economía española, mucho me temo que vuelva a ser el mismo que había antes de que la burbuja se inflase. Eso va a suponer una tasa de paro inimaginable.
Por lo tanto, mi pregunta es: ¿debe Asturies mantenerse como está en la actualidad, como una economía dependiente de la evolución española? La respuesta, en eso coincidirá todo el mundo, es que no.
No se puede mantener un sistema de poco número de industrias de gran volumen, fuertemente subsidiadas, y mayoritariamente multinacionales no asturianas, ni siquiera españolas. No se puede seguir fabricando productos básicos, que lo mismo pueden hacerse aquí que en Colombia o Vietnam, de bajo valor añadido y sin desarrollo tecnológico. No se pueden mantener empresas públicas deficitarias, que son más rentables cerradas, aunque haya que pagar los sueldos igualmente.
Nuestro futuro económico, si queremos que sea sostenible, debe pasar por la tecnología, la investigación y el desarrollo de nuevos productos. Incluso el aprovechamiento racional de los recursos naturales.
Pero esto forma parte de otro capítulo. En seguida echaremos un vistazo a nuestro pasado para buscar el futuro.
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