Aunque sé que este no es el momento más adecuado para empezar la redacción de un escrito de estas características (ahora mismo se está viviendo un período electoral), sería como pedirle al novio que está esperando a su prometida en el altar que considere todas las posibilidades que está dejando escapar en forma de otros estilos de vida, bien fuera continuando soltero o estando con otra chica, hay cosas que cuando se consideran necesarias, no se pueden dejar aparcadas en un cajón, o en un recoveco del cerebro.
La situación de crisis más o menos global que estamos viviendo en la actualidad, se ve acentuada en Asturies, tanto por las características del tejido económico que la sustenta, como por la clase política que nos representa y por la sociedad que unos y otros están componiendo a nuestro alrededor. Tiempo tendré de analizar estos importantes aspectos y expresar mi opinión al respecto, así como unas líneas principales de actuación que, según mi criterio, pueden ayudar a superar esta encrucijada, por no llamarlo punto de estancamiento, y otorgar a nuestro país un status de bienestar social impulsado por un sector económico eficiente, ágil y aferrado siempre al futuro.
En este preciso momento se avecina la votación de una elecciones generales al parlamento español al cuál hay que decir, tristemente, que no se ofrece al pueblo elector una sola opción que realmente se interese y esté dispuesta a luchar por los intereses asturianos. Los grandes partidos estatales, unos y otros, juegan una partida en otros tableros mucho más grandes, dónde realmente dirimirán el resultado de las elecciones. Una pequeña comunidad autónoma como es la nuestra, apenas supone interés para ellos y, aunque un puñado de votos y 2 ó 3 escaños nunca están de más, el esfuerzo propagandístico a través de promesas electorales (que algunas deben ser cumplidas) no les merece la pena. Como consecuencia, nuestro aislamiento y marginación no hacen más que crecer, pues cada vez tenemos menos peso y nos vemos más alejados de los puntos de decisión. Esto nos conduce a vernos relegados, siempre algo más, a una posición de tercera o cuarta fila. Cada vez más lejos del mundo, menos plurales, con las miras más cortas y sin atrevernos a poner el pie en el mundo moderno si no es de la mano que nuestro tutor, que no es otro más que el estado español.
Algo parecido puede decirse de los partidos estatales minoritarios. En principio parecen demostrar cierto interés por los grupos más desfavorecidos de la sociedad, pero también tienen bien claro que no van a jugar aquí sus cartas. Además, sus escasa representación los desautoriza a tomar cualquier medida que pudiera ser beneficiosa para nuestro país. Siempre tendrán otros intereses mayores a los que servir, y no sienten especial afectación por Asturies.
Y qué decir de los partidos de carácter más asturianista. Por desgracia carecen de políticos de talla, si bien este es un mal endémico de Asturies en esta época (la nómina de los partidos mayoritarios no encuadra a ningún “gran hombre”, ni siquiera mediano). De este modo, la sociedad asturiana los ve más como a los monologuistas de nuestras queridas fiestas de prao, que como a personas que puedan hacer algo por mejorar nuestra situación. Incluso se recela y se teme de aquellos que expresan opciones de tinte soberanista como si fueran meros delicuentes. En cualquier caso, debo añadir que muchos de los prejuicios que se tienen en Asturies con respecto a las opciones más, llamémoslas nacionalistas para entenderlo mejor, han sido canalizados y machaconamente introducidos en nuestro pensamiento por la clase dirigente española a lo largo de siglos, acercando a sus principios a las clases burguesas asturianas del siglo XVIII que desmerecieron su propia cultura, tachándola de inferior y pueblerina.
Mención aparte merece un partido de nuevo cuño, que utilizando un falso discurso asturiano, tiene pretensiones claramente estatales. Su intención, que difícilmente madurará, es consolidarse como partido español mayoritario. La primera de las clases que he definido. Por desgracia, está confundiendo a nuestra sociedad y además está engañando a muchos de sus votantes. Este partido es claro heredero de la tradición burguesa dieciochesca asentada en nuestro país.
De todo esto, es fácil deducir que el futuro de Asturies no se puede encontrar en manos de la clase política conocida en la actualidad, si no que una verdadera savia nueva, con ideas modernas y renovadoras (de alguna manera “revolucionarias”) es necesaria para tomar el volante de nuestra sociedad y por lo tanto de nuestro país, y conducirlo por unas vías diferentes a aquellas por las que nos hemos dejado transportar hasta ahora. El modelo actual en Asturies está caduco y ha fracasado, y su continuidad solo puede conducirnos al empobrecimiento de nuestros pueblos y nuestra gente, a la perpetuación de la emigración, al menosprecio de todo lo que huela a asturiano y, por último, a nuestra desaparición como cultura diferenciada.
Perbón blogue. ¿Cómo ye que lo dexasti? Presta asgaya.
ResponderEliminarufff, gracies carlos... desanimeme. Pero taba pensando volver darréu!!!
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